Limpiá con un paño seco para quitar el polvo.
Si se moja, secá enseguida con un trapo limpio o esponja seca.
No frotes ni expongas al sol.
Para manchas de aceite o grasa, consultá una tintorería especializada.
No laves el producto (ni a mano ni en lavarropas).
Guardá los zapatos limpios, dentro de su caja y con hormas.
Dejalos descansar un día entre usos.
Evitá lugares húmedos o con sol directo, ya que puede dañar la goma o base.
Al abrir o cerrar el cierre, hacelo con suavidad y sin forzarlo.
Si el cierre se traba, no tires con fuerza; revisá que no haya tela o hilo atascado.
Mantené los dientes del cierre limpios y secos. Podés usar un cepillo suave para quitar polvo o suciedad.
Evitá mojar o exponer el cierre a la humedad constante, ya que puede oxidarse o deteriorarse.
Si el cierre es metálico, podés aplicar un poco de lubricante en barra o cera de vela para mantener su deslizamiento.
Guardá los productos con los cierres cerrados, para evitar deformaciones.
No lavar ni mojar.
Limpiar con pomada incolora, después de quitar el polvo.
No lavar ni mojar.
Limpiar con paño seco o apenas húmedo, sin frotar fuerte.
Evitá roces con superficies duras o filosas.
Guardar en lugar seco y oscuro.
El sol puede hacer que se descascare o se quiebre.
Es un material más económico, pero también menos duradero que el cuero natural.
No mojar ni lavar.
Evitá el roce con superficies duras o filosas.
Si hace falta, limpieza en seco (tintorería).
No mojar ni lavar.
Usar impermeabilizante.
Cepillar con cerdas suaves.
Para manchas, usar una goma de borrar blanca.
Material muy delicado, requiere cuidado especial.
No mojar ni lavar.
Evitá roces, golpes o rayaduras.
No exponer al sol: puede perder brillo o color.
No lavar ni mojar.
Evitá el roce con superficies duras o filosas.
No exponer al sol.
Limpiar con paño limpio y húmedo.